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Planteles
Los Pumas no estuvieron solos…
Durante el mundial de Rugby que se disputó hace pocos meses en Nueva Zelanda, la delegación Argentina de la UAR tenía la difícil tarea de dejar en alto el orgullo del rugby nacional. Defender el tercer puesto logrado en el mundial anterior parecía una meta casi imposible, pasar de zona era, el objetivo a lograr. Lo que no sabían Los Pumas es que para lograr sus objetivos no sólo contaban con su talento y valentía, tenían además una banda loca que los alentaría desde las tribunas.
La delegación de El Retiro emprendió viaje hacia tierras maoríes el 3 de Septiembre, algunos días antes de la patada inicial para poder recorrer y conocer estas tierras geográficamente tan lejanas. Unos 20 fanáticos del rugby, entre dirigentes, entrenadores y jugadores, pasearon por Australia antes de insertarse definitivamente en Nueva Zelanda, la nación del mundial.
Pablo Axenfeld, uno de los viajeros, nos comenta la dinámica del viaje “hicimos todo el viaje en motorhome, recorrimos íntegramente las dos islas, en un recorrido de aproximadamente 5.500 km. hicimos un crucero por Los Fiordos, Geisers, Reserva Maori y fuimos a las Cavernas de Luciérnagas, casi la mitad del contingente éramos padres e hijos” lo que marca, que más allá del mundial, el viaje fue una experiencia grupal donde compartir un momento único entre amigos era la premisa más importante.
En cuanto al rugby y el mundial, todos aquellos que nos despertamos temprano para ver a la selección nos emocionamos con su entrega, pero también cada vez que las cámaras tomaban la bandera que llevaron nuestros representantes. Ese trapo que compartía colores entre las insignias nacionales y la de nuestro club tenía un imán para las cámaras y nos hizo sentir a todos un poco más cerca del mundial. Nuestros viajeros presenciaros los tres primeros partidos de Los Pumas, la agónica caída ante Inglaterra en Dunedin, donde se los escucho cantar de lo lindo; El rotundo triunfo ante Rumania en Invercargill, y la histórica victoria ante Escocia en Wellington donde, luego de los nervios contenidos durante todo el partido, desataron una fiesta infernal.
Pero no todo el rugby pasaba por los estadios “el resto de los partidos lo veíamos en pubs, allá el Rugby es religión así que las experiencias de los pubs eran tan fuertes como en la cancha, para los habitantes de la isla, el rugby es eso, el centro de sus conversaciones. Se vive con una intensidad tal que es difícil de contar” La hora del regreso llegó el 27 de Septiembre, Los Pumas seguirían su propio mundial, ya sin el aliento de la banda del Reti, “Fue un viaje que para muchos de nosotros era un sueño hecho realidad, vivir la experiencia de un mundial de rugby por primera vez. Además conocimos un país increíble, un gran Parque Natural, donde cada curva del camino era una postal”. Cuando arribaron al Eeropuerto de Ezeiza, trajeron las gargantas lastimadas de tanto alentar, el orgullo de haber instalado la bandera del club durante todo el mundial y miles de anécdotas para nunca olvidar, pero fundamentalmente con el alma llena, luego de haber respirado rugby las 24 hs del día.